{"id":102,"date":"2011-02-15T19:47:36","date_gmt":"2011-02-15T22:47:36","guid":{"rendered":"http:\/\/elcubodeamberes.com.ar\/wp\/?p=102"},"modified":"2015-11-29T01:25:32","modified_gmt":"2015-11-29T04:25:32","slug":"el-rally-dakar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/2011\/02\/el-rally-dakar\/","title":{"rendered":"El rally Dakar"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-103 size-full\" title=\"Rally Dakar\" src=\"http:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/dakar.jpg\" alt=\"Rally Dakar\" width=\"220\" height=\"134\" \/>Viajando en nuestras \u00faltimas vacaciones de Rosario a C\u00f3rdoba, nos cruzamos con los participantes del Rally Dakar Argentina Chile 2011 que hac\u00edan el mismo trayecto en sentido contrario. Mientras los chicos miraban y hac\u00edan comentarios sobre los impresionantes veh\u00edculos que pasaban junto a nosotros en una caravana interminable, yo tuve un <em>d\u00e9j\u00e0 vu<\/em>.<!--more--><\/p>\n<p><strong>El Rally Dakar 2010 pudo haber sido un fracaso<\/strong><\/p>\n<p>De ninguna manera me considero un tipo sin suerte, pero todo tiene un l\u00edmite. La tarde del 29 de diciembre de 2009 llegu\u00e9 a Villa Carlos Paz acompa\u00f1ado de mi esposa y de mis hijos dos, tres y cuatro. Fue el comienzo de nuestras tan esperadas vacaciones de verano. Todo empez\u00f3 esa misma ma\u00f1ana, cuando a primera hora me ocup\u00e9 de ir hasta la estaci\u00f3n de servicio para llenar el tanque de nafta y revisar la presi\u00f3n de los neum\u00e1ticos, nivel de aceite y dem\u00e1s l\u00edquidos indispensables para un viaje sin sobresaltos. Ya con el veh\u00edculo en condiciones \u00f3ptimas, me dispuse a cargar el equipaje. Una valija grande. Un bolso grande. No, dos. No, tres y uno mediano. La mochila gigante de mi hija mayor, la n\u00famero dos. La raqueta de tenis de mi hijo, el n\u00famero tres. Y el tubo de pelotitas, claro. Porque a \u00e9l le gusta jugar al tenis. Pero mucho m\u00e1s le gusta jugar al f\u00fatbol, as\u00ed que tambi\u00e9n viaja la n\u00famero cinco. A un costado del ba\u00fal, junto a las balizas triangulares reglamentarias, logro poner el bolso con los flamantes roller de Barbie en tama\u00f1o real que recibi\u00f3 mi hija para Navidad. No la mayor, sino la menor, la n\u00famero cuatro. Cuando ya no quedaba intersticio por ocupar, cuando ya hab\u00eda agotado mi capacidad para combinar figuras geom\u00e9tricas en mi af\u00e1n por llevar todo en el ba\u00fal \u2014para viajar m\u00e1s c\u00f3modos\u2014, apareci\u00f3 mi esposa con un bolso negro que, desde mi subjetivo punto de vista, deb\u00eda albergar como m\u00ednimo a dos polizones somal\u00edes. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s podemos necesitar que justifique llevar semejante bolso? Protectores solares para antes, protectores solares para despu\u00e9s, bronceadores de zanahoria, cremas hidratantes, lociones de coco, geles. Para m\u00ed est\u00e1bamos caminando peligrosamente al borde del contrabando. \u201cEs chiquito, tiene que entrar\u201d, fue el comentario objetivo de ella. Su sonrisa siempre me pudo. La pelota, la n\u00famero cinco, viaj\u00f3 entre las piernas del n\u00famero tres, que no tuvo derecho a r\u00e9plica.<\/p>\n<p>Durante el viaje empezamos a tejer toda clase de ideas respecto de los d\u00edas que se avecinaban. Solo estar\u00edamos cinco d\u00edas, de modo que las tardes en la pileta del camping competir\u00edan con las actividades n\u00e1uticas en el lago, o la diversi\u00f3n en su m\u00e1xima expresi\u00f3n de la mano del tobog\u00e1n acu\u00e1tico. Las primeras gotas en el parabrisas provocaron una reacci\u00f3n inmediata. Nuestras cabezas se mov\u00edan en todas direcciones escudri\u00f1ando el cielo con preocupaci\u00f3n. A medida que el pavimento se fue mojando, el cami\u00f3n que nos preced\u00eda comenz\u00f3 a arrojar una fina cortina de agua barrosa. Accionar el lava parabrisas solo me sirvi\u00f3 para confirmar que en la estaci\u00f3n de servicio hab\u00edan olvidado revisar uno de los l\u00edquidos indispensables para un viaje sin sobresaltos. A pocos kil\u00f3metros de llegar, un diluvio declarado nos hizo pensar seriamente en la necesidad de destejer y tejer de nuevo.<\/p>\n<p>La idea de pasar la noche de A\u00f1o Nuevo en Villa Carlos Paz nos seduc\u00eda, sobre todo despu\u00e9s de enterarnos de que a la vera del lago tendr\u00eda lugar un espect\u00e1culo de fuegos artificiales nunca visto en la historia de la ciudad, preludio de los festejos por el Bicentenario. La tarde del 31 de diciembre llam\u00e9 a la oficina de turismo para confirmar hora y lugar. El evento se har\u00eda \u2014seg\u00fan me informaron\u2014 en la costanera a las 0:30 horas. Est\u00e1bamos muy cerca del lugar, de modo que nos daba tiempo suficiente para hacer antes el brindis de rigor. Ya entrados en el flamante 2010, a cuatro cuadras de la costanera y siendo las 0:20 horas, tuvimos la oportunidad de ver desde el auto y medio tapado por un edificio el \u00faltimo de los fuegos artificiales que pon\u00eda fin a un espect\u00e1culo que hab\u00eda comenzado a las 0:00 horas y que nos hab\u00edamos perdido en su totalidad.<\/p>\n<p>Fiel a sus principios, la ma\u00f1ana del 3 de enero nos recibi\u00f3 con m\u00e1s lluvia. Comenz\u00e1bamos la segunda fase de nuestras vacaciones, esta vez viajando hacia Santa Rosa de Calamuchita, donde nos quedar\u00edamos al menos diez d\u00edas.<\/p>\n<p>La tarde anterior hab\u00eda terminado de masticar mi frustraci\u00f3n y para la noche hab\u00eda sido perfectamente digerida. Es que el rally Dakar 2010 ya se estaba desarrollando en la provincia de C\u00f3rdoba; el 2 de enero, mientras las fabulosas m\u00e1quinas rug\u00edan por los caminos del Valle de Calamuchita, nosotros est\u00e1bamos en el Valle de Punilla. Y el 3 de enero, d\u00eda en que la etapa del rally continuaba en el Valle de Punilla, nosotros part\u00edamos hacia el Valle de Calamuchita. Si esto no es una afrenta al sentido de la oportunidad, escucho ofertas.<\/p>\n<p>Dejamos atr\u00e1s la ciudad y, con la lluvia como tel\u00f3n de fondo, encaramos la autopista. El primer grito provino del asiento trasero, de la n\u00famero dos. \u201c\u00a1Una moto del rally!\u201d. Todos miramos hacia la mano contraria para ver pasar una tremenda moto cuyo conductor enarbolaba una bandera con los colores sudafricanos. \u201c\u00a1Un cami\u00f3n!\u201d, fue el siguiente grito, esta vez del n\u00famero tres, cuyas rodillas estaban llamativamente cerca de su ment\u00f3n por tener los pies apoyados sobre la n\u00famero cinco. La mole sobresal\u00eda entre los veh\u00edculos particulares que circulaban por la autopista. Siempre atenta a los detalles, mi mujer sac\u00f3 de la cartera la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, pero fue mi hija mayor, la n\u00famero dos, la que por estar ubicada junto a la ventanilla izquierda asumi\u00f3 el rol de fot\u00f3grafa oficial. Nuestro mejor recuerdo de ese instante es una fotograf\u00eda un poco borrosa de la parte trasera de un cami\u00f3n que formaba parte de la competencia \u2014cosa que nosotros sabemos, juramos y defenderemos ante cualquier tribunal\u2014, aunque bien podr\u00eda ser un cami\u00f3n de mudanzas o de reparto de gaseosas. Autos, motos y camiones de diversos pa\u00edses se suced\u00edan en un desfile interminable camino a Villa Carlos Paz, ciudad que nosotros, como dije, est\u00e1bamos dejando atr\u00e1s. Antes de que los veh\u00edculos terminaran de pasar, nosotros tomamos el desv\u00edo hacia el sur en direcci\u00f3n a Alta Gracia y los perdimos de vista.<\/p>\n<p>Aunque el cielo segu\u00eda cubierto y de un color gris plomo, hab\u00eda dejado de llover. La n\u00famero dos, el n\u00famero tres y la n\u00famero cuatro dorm\u00edan con la cabeza echada hacia atr\u00e1s y la boca abierta, en tanto que mi mujer, esa santa, me cebaba mate. Con la velocidad con que suelen suceder las cosas, ya hab\u00edamos cambiado totalmente de sinton\u00eda. Fue, seg\u00fan recuerdo, uno de los momentos m\u00e1s relajados del viaje. Entre mate y mate disfrutamos del camino, de los paisajes serranos, y por sobre todas las cosas, del silencio.<\/p>\n<p>Un cartel anunciaba una curva cerrada, por lo que aminor\u00e9 considerablemente la marcha. A la salida de la curva se present\u00f3 una recta en ascenso, a la que inmediatamente sigui\u00f3 una curva en descenso, esta vez no tan cerrada. En esos caminos sinuosos, la vegetaci\u00f3n oficiaba de marco para un cuadro de ensue\u00f1o. Con ambas manos en el volante, haciendo cambios y regulando la potencia del motor, me imagin\u00e9 por un momento en la piel de un corredor del Dakar. Fue al salir de la siguiente curva que mi mujer me alert\u00f3 con un grito acerca del veh\u00edculo que estaba detenido sobre el camino. Logr\u00e9 esquivarlo con un movimiento r\u00e1pido del volante y fren\u00e9 sobre la banquina, unos diez metros m\u00e1s adelante. Aunque ven\u00edamos muy despacio, pis\u00e9 el freno bruscamente solo para darme el gusto de derrapar unos cent\u00edmetros sobre el ripio. Todav\u00eda con las manos sobre el volante, mir\u00e9 a mi mujer durante unos segundos con expresi\u00f3n grave y despu\u00e9s me baj\u00e9, liber\u00e1ndome antes del cintur\u00f3n de seguridad. Camin\u00e9 dos pasos y me detuve en seco. La imagen que se present\u00f3 ante mis ojos me dej\u00f3 sin aliento. El veh\u00edculo que parec\u00eda detenido sobre la ruta no era otro que un Volkswagen Touareg, que se mov\u00eda muy lentamente empujado por el piloto italiano Giancarlo Ittevilo y su navegante, del cual lamentablemente no puedo recordar el nombre. Todav\u00eda con el casco puesto y sin dejar de empujar, me pidi\u00f3 con tono amable que condujera el veh\u00edculo para sacarlo del camino. Sin dudarlo, me sent\u00e9 al volante del Volkswagen Touareg y \u2014ni en sue\u00f1os habr\u00eda imaginado algo as\u00ed\u2014 producto del destino particip\u00e9 del rally Dakar 2010 conduciendo esa poderosa m\u00e1quina a casi dos kil\u00f3metros por hora por espacio de siete metros.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u2014me anim\u00e9 a preguntar.<br \/>\n\u2014Una piedra desprendi\u00f3 el tap\u00f3n del carter y perdimos todo el aceite. La competencia se termin\u00f3 para nosotros.<\/p>\n<p>Ver a ambos hombres abatidos, apoyados sobre el costado del veh\u00edculo con los brazos cruzados y la vista clavada en el suelo, me parti\u00f3 el alma. Me vi en la obligaci\u00f3n de ayudarlos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfRecuperaron el tap\u00f3n? \u2014pregunt\u00e9 con determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por toda respuesta, el piloto meti\u00f3 su mano en el bolsillo del pantal\u00f3n y me mostr\u00f3 la pieza de metal. Corr\u00ed hasta mi auto y en menos de tres minutos estaba nuevamente parado frente a ellos con un gran bolso negro en mis manos.<\/p>\n<p>\u2014Suban al veh\u00edculo \u2014les dije. Ambos levantaron la cabeza y me miraron incr\u00e9dulos. Ante mi insistencia, ocuparon cada uno su lugar. Ajust\u00e9 el tap\u00f3n y abr\u00ed el capot. Cinco minutos despu\u00e9s me acerqu\u00e9 a la ventanilla del piloto y le ped\u00ed que lo pusiera en marcha. El motor bram\u00f3 al primer intento y los tres fijamos la vista en la aguja del indicador de la presi\u00f3n de aceite, que se manten\u00eda inm\u00f3vil. \u201cSe romper\u00e1 el motor\u201d, dijo el piloto mientras acercaba su mano al interruptor para apagarlo. \u201cUn segundo m\u00e1s\u201d, le supliqu\u00e9. En ese momento, la aguja empez\u00f3 a moverse t\u00edmidamente hasta detenerse en la zona verde del indicador. Los hombres se abrazaron con efusividad y, luego de regalarme un apret\u00f3n de manos, partieron a toda velocidad.<\/p>\n<p>El 4 de enero, ya instalados en Santa Rosa de Calamuchita, me dispuse a leer el diario mientras mi mujer se preparaba para disfrutar del primer d\u00eda de sol de nuestras vacaciones. \u00a1\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el bolso con los protectores solares, los bronceadores, las cremas, las lociones y los geles?!\u201d. Su grito lleg\u00f3 desde el dormitorio en el mismo momento en que yo le\u00eda con una sonrisa el titular del suplemento deportivo: \u201cEl Volkswagen Touareg de Giancarlo Ittevilo lidera la etapa en tierras riojanas\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Viajando en nuestras \u00faltimas vacaciones de Rosario a C\u00f3rdoba, nos cruzamos con los participantes del Rally Dakar Argentina Chile 2011 que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[37,36,38],"class_list":["post-102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos","tag-dakar","tag-rally","tag-vacaciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=102"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":572,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions\/572"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}