{"id":211,"date":"2012-03-16T10:21:51","date_gmt":"2012-03-16T13:21:51","guid":{"rendered":"http:\/\/elcubodeamberes.com.ar\/wp\/?p=211"},"modified":"2015-03-02T20:44:59","modified_gmt":"2015-03-02T23:44:59","slug":"tu-vida-me-importa-poco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/2012\/03\/tu-vida-me-importa-poco\/","title":{"rendered":"Tu vida me importa poco"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"alignleft\" title=\"Tu vida me importa poco\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/_zQEvWg_ypU4\/SpmZv2DRGzI\/AAAAAAAACAY\/-puQXklzC0k\/s400\/perro-sin-cinturon-de-seguridad1.jpg\" alt=\"Tu vida me importa poco\" width=\"220\" \/>Me fui de Rosario hace 25 a\u00f1os, pero hay ciertas costumbres que mantengo inalteradas. Y una de ellas es caminar. Me gusta caminar, y me gusta caminar Rosario. Hasta que me fui \u2014corr\u00eda 1986\u2014 trabaj\u00e9 en una oficina c\u00e9ntrica en Urquiza entre Sarmiento y San Mart\u00edn, y con frecuencia optaba por ir o volver caminando. Viv\u00eda por aquel entonces en San Luis y Rodr\u00edguez.<\/p>\n<p>El recorrido era siempre el mismo; por la ma\u00f1ana, Rodr\u00edguez hasta C\u00f3rdoba, por C\u00f3rdoba hasta Sarmiento y finalmente doblaba por Sarmiento a la izquierda hasta Urquiza. El regreso era por las mismas calles.<\/p>\n<p>Con aquellos recorridos matinales fui anexando algunas rutinas. La primera, una inevitable mirada furtiva al interior de LT8. All\u00ed naci\u00f3 mi madre y esa fue la casa de su infancia (aunque poco queda de la construcci\u00f3n original).<!--more--><\/p>\n<p>La breve espera para cruzar Corrientes me encontraba siempre mirando el llamativo cartel de \u201cAVGVSTVS\u201d. Cuando un ni\u00f1o empieza a leer intenta leerlo todo. Absolutamente todo. Lo viv\u00ed con mis hijos. Ya sea que sali\u00e9ramos caminando o en auto, no hab\u00eda cartel en la v\u00eda p\u00fablica que se salvara de ser le\u00eddo. El d\u00eda que haga terapia \u2014si es que ese d\u00eda finalmente llega\u2014 tendr\u00e9 que sacar a la luz vaya uno a saber qu\u00e9 trauma ocasionado en mi m\u00e1s tierna infancia por el cartel sin vocales de la confiter\u00eda de Corrientes y C\u00f3rdoba. No recuerdo los nombres de ninguna de las maestras que tuve hasta s\u00e9ptimo grado. Sin embargo (y aqu\u00ed deben vincularse el cartel y el trauma), no puedo olvidar a quien me dio las herramientas para empezar a leer: la se\u00f1orita Rina, maestra de primer grado de la escuela Mariano Moreno.<\/p>\n<p>La vidriera de la \u201cLibrer\u00eda Ross\u201d siempre fue una escala ineludible, pero solo entraba a la vuelta, cuando el tiempo ya no era un condicionante y pod\u00eda recorrer las mesas sin apuro.<br \/>\nEn ciertas ocasiones alteraba levemente mi recorrido. Al llegar a la esquina de Sarmiento miraba el reloj y decid\u00eda gastar esos diez o quince minutos de ventaja tomando un caf\u00e9 que solo se pod\u00eda saborear all\u00ed, en la barra de m\u00e1rmol del \u201cCaf\u00e9 Sorocabana\u201d.<\/p>\n<p>Alrededor de las seis y media de la tarde emprend\u00eda el regreso. La esquina de Sarmiento y Santa Fe era una tentaci\u00f3n a la que ced\u00eda con demasiada frecuencia; una l\u00e1grima sentado cerca del ventanal y, con algo de suerte, la presencia de los galanes en aqu\u00e9llas mesas m\u00e1s alejadas de lo que yo hubiera deseado.<\/p>\n<p>El bar \u201cPanamb\u00ed\u201d sol\u00eda congregar una buena cantidad de gente en las tardes de verano. Tomarse un \u201ccarioca\u201d o salir saboreando un \u201ccandy\u201d era casi un mandato antes de dejar atr\u00e1s la peatonal y caminar por C\u00f3rdoba en direcci\u00f3n a Oro\u00f1o.<\/p>\n<p>Son las once de la ma\u00f1ana. Apuro la l\u00e1grima, salgo de \u201cEl Cairo\u201d (renovado y con dolorosas ausencias) y camino por Sarmiento hasta la peatonal. Del viejo \u201cCaf\u00e9 Sorocabana\u201d solo queda el inmenso cartel vertical. Tampoco est\u00e1 \u201cLa Favorita\u201d, la m\u00edtica megatienda de los hermanos Garc\u00eda. Pero al cruzar Entre R\u00edos veo el cartel de Ross record\u00e1ndome su presencia en la ciudad \u201cdesde 1937\u201d. Entro y despu\u00e9s de algunos minutos sigo mi camino con un ejemplar de \u201cCarta al padre\u201d de Franz Kafka bajo el brazo. Unos metros m\u00e1s adelante trato de recordar el lugar exacto donde sol\u00eda estar el bar \u201cPanamb\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Mientras espero que el sem\u00e1foro me habilite a cruzar miro a los automovilistas que avanzan por Paraguay y algo me llama la atenci\u00f3n. Durante el tiempo que estoy parado en esa esquina, no veo que ninguno de ellos use el cintur\u00f3n de seguridad. Ninguno. Tampoco lo tienen puesto quienes esperan la luz verde sobre C\u00f3rdoba. En esa misma esquina hay una caseta de la polic\u00eda provincial con dos polic\u00edas, un hombre y una mujer; no le prestan la menor atenci\u00f3n al tr\u00e1nsito. En todo el recorrido por C\u00f3rdoba hasta Pueyrred\u00f3n cuento dos (s\u00ed, solo dos) automovilistas con el cintur\u00f3n de seguridad colocado y ni un solo motociclista con casco.<\/p>\n<p>La Direcci\u00f3n General de Tr\u00e1nsito de la ciudad de Rosario enuncia como misi\u00f3n \u201c&#8230;promover el uso responsable de la v\u00eda p\u00fablica\u201d, mencionando entre los ejes de trabajo la \u201c&#8230;prevenci\u00f3n accidentol\u00f3gica: acci\u00f3n directa sobre los factores que componen un accidente y sus consecuencias\u201d. Sin embargo, el reconocido HECA (Hospital de Emergencias Dr. Clemente \u00c1lvarez) recibe m\u00e1s de 3.000 heridos al a\u00f1o por accidentes de tr\u00e1nsito con diferentes grados de lesi\u00f3n. Esos diferentes grados de lesi\u00f3n son, en la mayor\u00eda de los casos, directamente proporcionales al costo de la atenci\u00f3n y tratamientos requeridos.<\/p>\n<p>A lo largo de mi vida he asistido a la implementaci\u00f3n de una infinidad de campa\u00f1as de prevenci\u00f3n de accidentes y promoci\u00f3n de la seguridad vial. Desde que los \u00edndices de mortalidad pasaron a ser noticia y la Rep\u00fablica Argentina ostenta con orgullo un lugar de privilegio entre los pa\u00edses con mayor cantidad de muertes por accidentes viales (8.000 personas mueren por a\u00f1o), los gobiernos de turno perge\u00f1an todo tipo de acciones. Y todas erradas. Basta un bot\u00f3n como ejemplo: el flamante \u201cOperativo Sol 2012\u201d fue incapaz de impedir la m\u00e1s in\u00fatil de las muertes en el primer d\u00eda de enero de 2012. Muerte que \u2014tambi\u00e9n debo decirlo\u2014 cont\u00f3 con ayuda adicional: la falta de uso del cintur\u00f3n de seguridad.<\/p>\n<p>Las campa\u00f1as de prevenci\u00f3n se equivocan desde el mensaje. Pretendiendo un inter\u00e9s genuino por la vida y el bienestar de los ciudadanos, intentan con dudosa eficacia despertar la sensibilidad de los conductores disparando esl\u00f3ganes de diverso calibre, desde el pat\u00e9tico \u201cNo corras papi, te esperamos\u201d hasta el experimento doctrinal \u201cM\u00e1s vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto\u201d, digno candidato a aforismo de Narosky.<\/p>\n<p>Los costos derivados de la atenci\u00f3n de un accidente en la v\u00eda p\u00fablica (comunicaciones, ambulancias, combustible, personal de apoyo, param\u00e9dicos, m\u00e9dicos de emergencias, medicamentos, materiales descartables, servicios de internaci\u00f3n, infraestructura, quir\u00f3fanos, equipos y estudios de alta complejidad, etc., etc., etc.) son afrontados con el presupuesto p\u00fablico. S\u00ed, ese presupuesto que se construye con el aporte de los ciudadanos a trav\u00e9s de los impuestos. Con el aporte de todos, incluido el m\u00edo. Alguien me dijo una vez que el Estado no pod\u00eda obligarlo a usar el casco; lo consideraba una intromisi\u00f3n en su vida privada. \u201cSi me parto la cabeza es mi problema\u201d dijo. Una forma tan respetable como sesgada de encarar el asunto. De acuerdo, si te mat\u00e1s es tu problema. Tu vida me importa poco, pero me opongo a pagar de mi bolsillo los costos derivados de tu propia estupidez.<\/p>\n<p>Entonces, con las libertades individuales como estandarte (principios inculcados durante d\u00e9cadas por las series norteamericanas), sugiero que las acciones de prevenci\u00f3n tengan un enfoque sensiblemente diferente; entendamos que el problema aqu\u00ed no es humanitario sino presupuestario.<\/p>\n<p>Estoy seguro de que campa\u00f1as del tenor de \u201cNo ensucie la v\u00eda p\u00fablica, use casco\u201d ser\u00e1n m\u00e1s efectivas, acompa\u00f1adas de anuncios en hospitales y salas de emergencias: \u201cNo insista, si no usaba cintur\u00f3n de seguridad lo dejaremos morir\u201d.<\/p>\n<p>Al llegar a Pueyrred\u00f3n doblo a la derecha y camino las dos cuadras hasta San Lorenzo. Ya no miro automovilistas. Miro las casas, la gente, las copas verdes de los \u00e1rboles. Y llego a la misma conclusi\u00f3n a la que llegu\u00e9 hace 25 a\u00f1os: caminar por Rosario me gusta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me fui de Rosario hace 25 a\u00f1os, pero hay ciertas costumbres que mantengo inalteradas. Y una de ellas es caminar. 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