{"id":465,"date":"2015-06-04T10:30:09","date_gmt":"2015-06-04T13:30:09","guid":{"rendered":"http:\/\/carranza.com.ar\/blog\/?p=465"},"modified":"2016-06-04T09:16:48","modified_gmt":"2016-06-04T12:16:48","slug":"asi-aprendi-a-llorar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/2015\/06\/asi-aprendi-a-llorar\/","title":{"rendered":"As\u00ed aprend\u00ed a llorar"},"content":{"rendered":"<h3>A la memoria de Mar\u00eda Cristina (mi hermanita) y de Ra\u00fal Alberto Amelong (mi t\u00edo)<\/h3>\n<p>Mi primer grado fue un tanto cosmopolita, por <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-469\" src=\"http:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/file0001529921373.jpg\" alt=\"file0001529921373\" width=\"220\" height=\"190\" \/>describirlo de alguna manera. Empez\u00f3 en mi natal C\u00f3rdoba, en el colegio jesuita San Jos\u00e9 para seguir, ya en Rosario, en la Medalla Milagrosa, en Alberdi. Fue por esa \u00e9poca que mi viejo entr\u00f3 a trabajar en MetCon, en Villa Constituci\u00f3n, y hacia all\u00e1 fuimos todos. A mis seis a\u00f1os no ten\u00eda la capacidad intelectual (que si alguna vez tuve, ahora estoy perdiendo) para medir el enorme esfuerzo que mi viejo estaba haciendo: su trabajo en MetCon, de noche, era un complemento a su trabajo principal en el Banco Naci\u00f3n, en Rosario, a donde viajaba todos los d\u00edas. Nos instalamos en Arroyo del Medio, en una casa bell\u00edsima que nos prest\u00f3 \u2014o alquil\u00f3, no s\u00e9\u2014 mi t\u00edo. La casa estaba en medio del campo y lindaba con el arroyo (el \u00abdel Medio\u00bb), hecho que seg\u00fan recuerdo manten\u00eda a mi mam\u00e1 con los pelos de punta.<!--more--><\/p>\n<p>Mi primer grado \u2014de eso est\u00e1bamos hablando\u2014 sigui\u00f3 entonces en una escuela en San Nicol\u00e1s cuyo nombre no puedo recordar. Fue en esa escuela que aprend\u00ed a cantar \u00abAurora\u00bb a fuerza de repetirla cada ma\u00f1ana mientras se izaba la bandera en el patio. Los fines de semana \u00edbamos a Rosario a visitar a mi abuela. Como no ten\u00edamos auto, era la generosidad de mi t\u00edo la que nos llevaba y tra\u00eda. Una imagen: salimos de Rosario a la ma\u00f1ana muy temprano, mi t\u00edo al volante, mi abuela a su lado y yo solo en el enorme asiento trasero del Torino. Mi abuela reza mientras viajamos hacia Arroyo del Medio por la vieja ruta 9 a la velocidad de la luz.<\/p>\n<p>Parece que lo de MetCon se termin\u00f3, porque volvimos a Rosario. Entre Rios 1109, el primer piso de la esquina con San Juan, arriba de \u00abBalanzas Theiler\u00bb. Y mi derrotero por primer grado sigui\u00f3 en la Mariano Moreno hasta terminar. En esa escuela consegu\u00ed mi primer \u00abmejor amigo\u00bb: Mart\u00edn Arribillaga. No volvimos a vernos hasta muy crecida la barba, una noche en que por casualidad lo encontr\u00e9 en una fiesta en Fisherton en la que oficiaba de disk-jockey. Fue emocionante. Para m\u00ed. No estoy muy seguro de que \u00e9l se acordara. Fue en Entre Rios 1109 donde, sentado en el piso, vi en nuestro Ranser el pie de Neil Armstrong pisando por primera vez la Luna, que para m\u00ed era toda blanca y negra, igual que el propio Armstrong o los dibujitos animados o las novelas que miraban mi mam\u00e1 y mi abuela. Fue tambi\u00e9n en Entre Rios 1109 donde empez\u00f3 mi relaci\u00f3n con la letras: una de las tantas siestas de aburrimiento descubr\u00ed la colecci\u00f3n de revistas Selecciones de mi abuela. Las revistas ten\u00edan muchas fotos y dibujos. Yo ten\u00eda una tijera.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente nos fuimos a Funes, a la casa que mi viejo construy\u00f3 desde los cimientos con sus propias manos. Para m\u00ed fue la vuelta al pasto, al barro, a los bichos. La gloria, bah. Ese a\u00f1o tambi\u00e9n lleg\u00f3 a mi vida el Stella Maris. Fue como empezar todo de nuevo, solo que a partir de tercer grado. Y llegaron a mi vida los nuevos \u00abmejores amigos\u00bb, los que perdurar\u00edan, los que crecer\u00edan conmigo, los que s\u00ed me reconocer\u00edan aunque no volvi\u00e9ramos a vernos hasta despu\u00e9s de 30 a\u00f1os. Eso fue Funes.<\/p>\n<p>Pero algo pas\u00f3.<\/p>\n<p>Durante una cantidad de d\u00edas que no puedo precisar, la casa de mi t\u00edo (a quien llam\u00e1bamos \u00abel Pibe\u00bb) en Fisherton pas\u00f3 a ser mi hogar. Recib\u00ed comida, cama y toneladas de afecto. Conoc\u00ed el country del Jockey Club, asist\u00ed a competencias h\u00edpicas y mi t\u00edo me ense\u00f1\u00f3 a ensillar y montar un caballo. Incluso mi prima alguna vez me hizo saltar. La casa de mis t\u00edos era como una peque\u00f1a ciudad, siempre llena de gente; a mis primos \u2014que ya eran una patota\u2014 se sumaban los amigos y m\u00e1s primos y m\u00e1s amigos de los amigos. Pero no era mi casa y yo segu\u00eda sin saber qu\u00e9 pasaba. Hasta qu\u00e9 un d\u00eda mi t\u00edo me dio la gran noticia: \u00abvino tu pap\u00e1\u00bb, me dijo.<\/p>\n<p>El reencuentro con mi pap\u00e1 es algo que conservo grabado en mi memoria en alta definici\u00f3n. Me agarr\u00f3 de la mano y me llev\u00f3 al living. Mi t\u00edo cerr\u00f3 la puerta y nos dej\u00f3 solos. Entonces supe que mi hermana se hab\u00eda ido.<\/p>\n<p>Fue la primera vez que llor\u00e9 una p\u00e9rdida, con ese llanto profundo que sale del centro del pecho y arranca todo a su paso.<br \/>\nPor entonces yo ten\u00eda 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Nos fuimos todos a pasar unos d\u00edas a C\u00f3rdoba, a la casa de mi abuela paterna en la calle Independencia. A mi me toc\u00f3 dormir en la cama que estaba contra el ventanal que daba a la calle. Una noche me despert\u00e9 sobresaltado. Afuera, del otro lado del ventanal, un mont\u00f3n de voces gritaban y daban \u00f3rdenes. \u00abNo hay tiempo\u00bb, alcanc\u00e9 a escuchar.<\/p>\n<p>Entonces todo se ilumin\u00f3 y los vidrios cayeron arriba m\u00edo. Al d\u00eda siguiente supe que la bomba estaba destinada al pap\u00e1 de Carlos y Eduardo, los chicos con los que todos los d\u00edas jug\u00e1bamos a la pelota en el patio de tierra del colegio de la esquina y que viv\u00edan a dos o tres casas. Parece que el pap\u00e1 de los chicos \u2014Eduardo Angeloz\u2014 ten\u00eda alg\u00fan tipo de actividad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Poco antes del regreso de Per\u00f3n nos fuimos a vivir a Fisherton, a Bv. Argentino y Theobald. Cerca de la casa de Lucrecia (que yo no frecuentaba nunca), cerca de la casa de Santiago (que yo frecuentaba demasiado) y al lado de la casa de Nora O&#8217;Shea, a quien le compr\u00e9 mi primer grabador.<\/p>\n<p>En 1975 nos instalamos en una casa alquilada en la calle Rep\u00fablica mientras se terminaba la casa que mi viejo estaba construyendo en Juan Jos\u00e9 Paso y Garc\u00eda del Cosio. (\u00bfGarc\u00eda del Cosio? No estoy seguro. Qu\u00e9 memoria de mierda.)<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 4 de junio volv\u00edamos del centro (o quiz\u00e1s \u00edbamos al centro) en el Ami 8 y vimos un tumulto en la esquina de C\u00f3rdoba y Guatemala. Estaba la polic\u00eda y tambi\u00e9n el ej\u00e9rcito, como todos los d\u00edas en todos lados, pero m\u00e1s. En la vereda hab\u00eda un cuerpo.<\/p>\n<p>No miren. Circulen.<\/p>\n<p>La casa de la calle Rep\u00fablica ten\u00eda pileta. Fue la primera y \u00faltima vez que tuvimos pileta en casa. Aunque est\u00e1bamos casi en invierno, pas\u00e1bamos mucho tiempo jugando al borde del agua. En un momento entr\u00e9 a buscar a mi mam\u00e1 y la encontr\u00e9 sentada en la cama, llorando.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 a su lado sin preguntar nada y esper\u00e9.<\/p>\n<p>\u00abMataron al Pibe\u00bb, me dijo antes de abrazarme.<\/p>\n<p>A mis 13 a\u00f1os llor\u00e9 la segunda p\u00e9rdida, esta vez abrazado a mi mam\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la memoria de Mar\u00eda Cristina (mi hermanita) y de Ra\u00fal Alberto Amelong (mi t\u00edo) Mi primer grado fue un tanto cosmopolita, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":469,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[309,307,308],"class_list":["post-465","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos","tag-fisherton","tag-llorar","tag-raul-alberto-amelong"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/465","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=465"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/465\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":717,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/465\/revisions\/717"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/469"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=465"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=465"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=465"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}