{"id":802,"date":"2018-01-09T16:34:28","date_gmt":"2018-01-09T19:34:28","guid":{"rendered":"https:\/\/carranza.com.ar\/?p=802"},"modified":"2018-01-09T16:34:28","modified_gmt":"2018-01-09T19:34:28","slug":"de-delincuentes-revoluciones-y-educacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/2018\/01\/de-delincuentes-revoluciones-y-educacion\/","title":{"rendered":"De delincuentes, revoluciones y educaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-803 alignleft\" src=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920.jpg\" alt=\"\" width=\"220\" height=\"147\" srcset=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920.jpg 1920w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-300x200.jpg 300w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-768x512.jpg 768w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-830x553.jpg 830w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-230x153.jpg 230w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-350x233.jpg 350w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-480x320.jpg 480w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/attack-1840256_1920-272x182.jpg 272w\" sizes=\"auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/>Llegu\u00e9 al mediod\u00eda. El <em>jet lag<\/em> me empujaba los p\u00e1rpados hacia el piso y el escenario no ayudaba. No era demasiado diferente de otros; todos los aeropuertos son iguales, cosmopolitas por definici\u00f3n. El impacto fue al salir a la calle. El auto me esperaba con la puerta abierta, y el conductor (vistiendo uniforme e inmaculados guantes blancos) me invit\u00f3 a subir y se encarg\u00f3 del equipaje. El trayecto hasta el hotel fue suficiente est\u00edmulo para que mis p\u00e1rpados se limitaran a pesta\u00f1ear apenas lo necesario.<!--more--><\/p>\n<p>Baj\u00e9 a cenar. El comedor ten\u00eda un exhibidor de vidrio con una muestra de cada plato, identificados con un n\u00famero de color (el color indicaba si se trataba de entrada, plato principal o postre). A la derecha del exhibidor hab\u00eda una bandeja de madera dividida en cuadr\u00edculas, cada una conteniendo las fichas de color numeradas correspondientes a cada plato. Despu\u00e9s de elegir qu\u00e9 quer\u00eda comer, tom\u00e9 las fichas correspondientes y se las di al mozo. A los pocos minutos estaba cenando sin haber intercambiado una sola palabra. Un m\u00e9todo simple pero efectivo.<\/p>\n<p>Terminada la cena hice lo que siempre hago cuando llego a una ciudad que no conozco: sal\u00ed a hacer reconocimiento de la zona. Caminar me ayudar\u00eda adem\u00e1s a sumar algo de cansancio; el desbarajuste de estar en las ant\u00edpodas del mundo con doce horas de diferencia no ser\u00eda f\u00e1cil de resolver en la cama.<\/p>\n<p>Media hora despu\u00e9s de caminar por laberintos angostos \u2014en los que la vereda no era m\u00e1s que una franja de pintura blanca\u2014 not\u00e9 dos cosas: 1) hab\u00eda menos gente y 2) hab\u00eda menos luz. Ya me hab\u00eda pasado en otras ciudades y el interrogante era siempre el mismo: \u00bfvuelvo por donde vine o sigo caminando como si no pasara nada? Hice lo que siempre hago, seguir. Al llegar al final de la calle vi unas sombras. Dos hombres (\u00bftres?) parados frente a una puerta cerrada. No hablaban entre ellos. Tampoco me miraron. Segu\u00ed. La adrenalina me zarandeaba las piernas pretendiendo hacerlas correr, pero me contuve. Segu\u00ed. Pens\u00e9 en doblar a la izquierda, pero la oscuridad del callej\u00f3n no me convenci\u00f3 demasiado. Fu\u00ed a la derecha. Hab\u00eda solo una luz en toda la calle. Roja. Una luz roja. Segu\u00ed. Entre m\u00e1s sombras, segu\u00ed.<\/p>\n<p>Los ruidos de la avenida me devolvieron al mundo. Camin\u00e9 diez minutos en direcci\u00f3n al hotel, solo que para el otro lado. Cuarenta minutos despu\u00e9s de corregir el rumbo, estaba pidi\u00e9ndole al conserje la llave de mi habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor all\u00ed? \u00bfRealmente fue a caminar por all\u00ed?<br \/>\n\u2014S\u00ed, \u00bfpor qu\u00e9? \u00bfEs peligroso?<br \/>\n\u2014No, peligroso no.<\/p>\n<p>Desplegando sobre el mostrador un mapa de la ciudad, me se\u00f1al\u00f3 la zona: en mi recorrido nocturno hab\u00eda hecho un breve paseo por los suburbios del barrio <em>Kabukich<\/em>?, controlado por la <em>Yakuza<\/em>, la mafia japonesa. Le pregunt\u00e9 sorprendido por qu\u00e9 no me hab\u00edan hecho nada. Su respuesta me sorprendi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 lo har\u00edan?\u00bb.<\/p>\n<p>Con el pasar de los d\u00edas \u2014mientras dejaba atr\u00e1s los efectos del <em>jet lag<\/em>\u2014 empec\u00e9 a entender esa cultura basada en la educaci\u00f3n y el respeto al otro. Entend\u00ed que la raz\u00f3n por la que el delito callejero, irracional y salvaje no existe es una consecuencia de la educaci\u00f3n y no de la represi\u00f3n. Entend\u00ed que esa primera noche no me protegieron mis piernas sino su educaci\u00f3n. A\u00fan para delinquir.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado pasado, hace apenas dos d\u00edas, la carnicer\u00eda que queda a 150 metros de mi casa recibi\u00f3 la visita de un par de delincuentes. Voy a omitir la cantidad de detalles sin verificar publicados \u2014siempre en potencial\u2014 por los medios. El empleado de la carnicer\u00eda muri\u00f3 de dos tiros. Lo importante es eso. Esa es nuestra realidad local.<\/p>\n<p>Consumido casi el 20% del siglo XXI, seguimos sentados en c\u00edrculo en nuestras gradas mirando fijo a nuestro sistema educativo del siglo XIX y pensando qu\u00e9 hacer con \u00e9l. Y en nuestra discusi\u00f3n filos\u00f3fica gritamos, defendemos y atacamos posiciones que nada tienen que ver con el futuro (N. del A.: el futuro son nuestros hijos). Es comprensible, porque discutir con seriedad el futuro de la educaci\u00f3n implica discutir roles. Y cuestionar el poder. Y animarnos a predecir el futuro.<\/p>\n<p><strong>Acerca de los roles<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-805\" src=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-300x251.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"335\" srcset=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-300x251.jpg 300w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-768x644.jpg 768w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-830x696.jpg 830w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-230x193.jpg 230w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-350x293.jpg 350w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones-480x402.jpg 480w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Tres-revoluciones.jpg 940w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>Para muchos, la definici\u00f3n de educaci\u00f3n se reduce a cuatro paredes llenas de pupitres prolijamente ordenados, con alumnos blancos (los que ser\u00e1n \u00abiluminados\u00bb) sentados frente a un docente y una pizarra, <em>\u201cobligados a aprender el mismo tema, el mismo d\u00eda, a la misma velocidad, en el mismo sal\u00f3n de clase\u201d<\/em> (Isaac Asimov). Esta definici\u00f3n es un pasaje a la frustraci\u00f3n. Esta definici\u00f3n debe cambiar.<\/p>\n<p>Nuestros hijos son diferentes a como \u00e9ramos nosotros a su edad. El contexto los hace diferentes. A mis 14 a\u00f1os recordaba con facilidad los n\u00fameros telef\u00f3nicos de todos mis compa\u00f1eros de clase. Hoy no recuerdo ni siquiera el de mi esposa, y confieso que eso me molesta un poco. Mi hija de 14 no recuerda ninguno, y no le molesta nada. De hecho, no entiende la necesidad de recordarlos. Su <em>smartphone<\/em> los recuerda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tenemos \u2014con nuestros hijos\u2014 sutiles diferencias f\u00edsicas. El dedo pulgar, por ejemplo.<\/p>\n<p>Estudios realizados por el Centro Nacional para la Informaci\u00f3n Biotecnol\u00f3gica (NCBI, dependiente de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos) acerca de la evoluci\u00f3n de la mano humana confirman que fue el dedo pulgar lo que le permiti\u00f3 al ser humano construir herramientas. La NCBI afirma, adem\u00e1s, que en algunas generaciones m\u00e1s nuestro dedo pulgar tendr\u00e1 la misma longitud que el me\u00f1ique. El ser humano est\u00e1 cambiando de manera constante. Lenta, pero constante. No es casual que en China los ni\u00f1os aprendan en sus clases de educaci\u00f3n f\u00edsica a ejercitar el pulgar.<\/p>\n<p>Si nuestros hijos est\u00e1n cambiando (evolucionando), los roles del sistema educativo deben cambiar (evolucionar). Nuestros hijos no pueden tener el mismo docente de matem\u00e1tica que tuvimos nosotros (si es que deben tener docente de matem\u00e1tica). Por lo visto, tampoco el de educaci\u00f3n f\u00edsica puede ser el mismo.<\/p>\n<p><strong>Acerca del poder<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-806\" src=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-300x251.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"335\" srcset=\"https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-300x251.jpg 300w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-768x644.jpg 768w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-830x696.jpg 830w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-230x193.jpg 230w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-350x293.jpg 350w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt-480x402.jpg 480w, https:\/\/carranza.com.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/Franklin-D.-Roosevelt.jpg 940w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>El Estado debe ser garante de la educaci\u00f3n, pero visto no solo como un mecanismo de inclusi\u00f3n tradicional. La educaci\u00f3n inclusiva del siglo XIX (es decir, la actual) ten\u00eda como objetivo facilitar la integraci\u00f3n de las personas en un contexto social establecido, formando principalmente trabajadores. Hoy el Estado tiene una responsabilidad mucho mayor: la inclusi\u00f3n debe abordar la formaci\u00f3n en habilidades blandas que permitan construir conocimiento nuevo y no solo aplicar el existente. Ciudadanos cr\u00edticos y pensantes que puedan adaptarse a los cambios de manera r\u00e1pida y eficaz.<\/p>\n<p>Sin embargo, el Estado como tal es casi una entelequia corporizada principalmente en el gobierno de turno. De all\u00ed la frecuente confusi\u00f3n entre Gobierno y Estado. Y para los gobiernos, eso de \u201cciudadanos cr\u00edticos y pensantes, capaces de adaptarse a los cambios y construir conocimiento\u201d se asocia a cierta autonom\u00eda que puede no resultar tan tentadora.<\/p>\n<p><em>\u00abLa democracia no puede funcionar a menos que aquellos que expresan su elecci\u00f3n est\u00e9n preparados para elegir sabiamente. La aut\u00e9ntica garante de la democracia es, por tanto, la educaci\u00f3n\u00bb<\/em>, dijo Franklin D. Roosevelt expres\u00e1ndose mucho mejor que yo.<\/p>\n<p>Acerca de predecir el futuro<\/p>\n<p>En el 2008 se produjo un hecho hist\u00f3rico para la humanidad: la cantidad de dispositivos conectados igual\u00f3 a la poblaci\u00f3n mundial. Este punto de inflexi\u00f3n produjo dos cambios significativos: 1) el crecimiento de dispositivos pasa de lineal a ser un crecimiento exponencial, y 2) la proyecci\u00f3n de dispositivos conectados fortalece el concepto de \u00abInternet de las Cosas\u00bb como nave insignia de la 4\u00aa Revoluci\u00f3n Industrial.<\/p>\n<p>La Inglaterra del siglo XVII fue el escenario de la Revoluci\u00f3n Industrial (hoy, la primera). La mecanizaci\u00f3n (de la mano de la m\u00e1quina de vapor) de trabajos hasta entonces artesanales tuvo efectos profundos en la producci\u00f3n desde todo punto de vista. Sin embargo, la imprevisi\u00f3n y el desconocimiento (de nuevo, era la primera) impidieron anticiparse a sus efectos adversos. Los artesanos, due\u00f1os hasta entonces de su trabajo y su tiempo, se trasladaron a las ciudades a trabajar en f\u00e1bricas cumpliendo horarios agotadores. Las mujeres y los ni\u00f1os llegaron a equiparar la cantidad de trabajadores varones: la explotaci\u00f3n infantil comenzaba en algunos casos a los 6 a\u00f1os.<\/p>\n<p>A pesar de esa tentaci\u00f3n irresistible que tiene el ser humano de tropezar dos veces con la misma piedra, la 4\u00aa Revoluci\u00f3n Industrial nos enfrenta a una oportunidad hist\u00f3rica: prepararnos para capitalizar lo bueno y neutralizar lo no tan bueno.<\/p>\n<p><em>\u00abNunca uses a un humano para hacer el trabajo de una m\u00e1quina\u00bb<\/em>. Esta frase forma parte del gui\u00f3n de la pel\u00edcula de ciencia ficci\u00f3n The Matrix estrenada en 1999. \u00bfCiencia ficci\u00f3n? Parece que es solo cuesti\u00f3n de tiempo. Internet de las Cosas, los veh\u00edculos aut\u00f3nomos, las ciudades inteligentes y las soluciones de inteligencia artificial cambiar\u00e1n nuestras vidas de una manera radical. No podemos mirar para el costado. No puede tomarnos por sorpresa.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo seguimos?<\/p>\n<p>No s\u00e9. La frustraci\u00f3n es tal vez la mayor puerta de acceso a la delincuencia. Lo he visto muchas veces. Tener o no acceso a los recursos es lo que hace la diferencia, y no me refiero a recursos econ\u00f3micos, sino a convertir a nuevos j\u00f3venes en una suerte de MacGyver capaces de resolver situaciones adversas con creatividad, que lo dif\u00edcil se convierta en un desaf\u00edo. \u00bfEs entonces la educaci\u00f3n la soluci\u00f3n definitiva al problema de la delincuencia? No, claro que no. \u00bfAyuda? No tengo dudas. Desde el sistema educativo en todos sus estratos, con los programas de formaci\u00f3n profesional y exigiendo que el Estado promueva y garantice la seguridad y privacidad de la informaci\u00f3n, tenemos que arriesgarnos a predecir el futuro.<\/p>\n<p><em>\u00abLa mejor manera de predecir el futuro es inventarlo\u00bb<\/em>, dicen que dijo Abraham Lincoln, Steve Jobs, Alan Kay, Peter Drucker o tal vez Sophia Bedford. Sin importar demasiado qui\u00e9n lo dijo, adhiero sin condiciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llegu\u00e9 al mediod\u00eda. El jet lag me empujaba los p\u00e1rpados hacia el piso y el escenario no ayudaba. 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