Lecturas subterráneas 7

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Lecturas Subterráneas 7Mientras bajamos por la escalera le pongo una mano sobre el hombro. Lo noto ansioso. Despacio, apoyando ambos el mismo pie en el mismo escalón al mismo tiempo, nos adentramos en ese mundo húmedo y penumbroso. Los sonidos se mezclan en la transición hasta convertirse en puros chirridos metálicos y voces guturales. Llegamos a los molinetes y su sorpresa no es poca al ver que solo apoyo una tarjeta para pasar al andén. (más…)

Lecturas subterráneas 5

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Lecturas subterráneas 5Se abre la puerta y así, sin pensarlo, me bajo. No sé en qué estación estoy pero me bajo. Sigo a la multitud que se encamina hacia la escalera mecánica, piso el primer escalón y me dejo llevar. Recién soy consciente del tránsito de la avenida Pueyrredón cuando me encuentro parado al borde del cordón esperando que el semáforo me habilite a cruzar. Los sonidos me llegan de a uno, dosificados. Ruidos de motores, bocinas, voces, me asaltan sin mezclarse. También una sirena, lejos. La silueta blanca se enciende y entonces camino. Camino solo. Solo camino. (más…)

Lecturas subterráneas 4

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Lecturas subterráneas 4Empezó el calor y se hace sentir. Se dice que en la época estival hay que usar ropa de colores claros. De todos modos, no está para usar camisa de manga larga, y mucho menos con los brazos cruzados sobre el pecho y las puntas de las mangas atadas a la espalda.

Así es como espero a mi psiquiatra, sentado en el jardín a la sombra de un enorme jacarandá. Llega solo, vistiendo una inmaculada camisa blanca igual a la mía y caminando con sus graciosos pasitos de pingüino, girando el tronco de un lado al otro para suplir el impedido balanceo de los brazos. (más…)

Lecturas subterráneas 3

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Lecturas subterráneas 3La puerta se abre como respuesta a dos toc toc breves. Grande es mi sorpresa cuando veo que quien la abre no es mi psiquiatra, sino un hombre joven con guardapolvo blanco. Apenas se cierra la puerta tras de mí, veo a mi psiquiatra salir rápidamente a mi encuentro caminando de un modo que me recuerda graciosamente a un pingüino. Ya frente a mí, hace un intento infructuoso por darme la mano. “Linda camisa”, le digo como para disimular el mal momento. Hace con la cabeza un claro gesto para que lo siga y camina en dirección a su consultorio. Lo sigo de cerca, contando mentalmente la cantidad de hebillas que se disponen en forma vertical en su espalda.

“¿Cómo se llamaba el firulete ese?”, me pregunta aún antes de sentarse. Lo miro con expresión de no entender nada. “El cuchuflo ese que usted pone adelante de la palabra. Ese que parece una porción de pasta frola liliputiense”, agrega. Ah, imagino que se refiere al signo numeral. En algunos lugares lo llaman almohadilla. Es el pound de los norteamericanos. “Ese”, me dice ya sentado y con la mirada perdida más allá de la ventana, más allá del jardín, más allá…

Mientra camino por la calle Arévalo en dirección al #subte no puedo dejar de pensar en mi psiquiatra. No es que sienta pena por él, pero ya tampoco admiración. Me pregunto si el tratamiento que está aplicando a mi TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) es el adecuado. Él afirma que lo es, y que está dando los resultados esperados. No lo sé. Sin embargo, subo al #subte y, siguiendo al pie de la letra sus indicaciones, empiezo a recordar con una precisión que me aterra los tuits que realicé bajo tierra entre marzo y abril de 2011. (más…)

Lecturas subterráneas 1

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Lecturas subterráneas 1Llevo casi 20 años viviendo en Buenos Aires. Llevo casi 20 años viajando en subte. Y llevo casi la misma cantidad de años leyendo en el subte. Pero fue recién en julio de 2010 que se me ocurrió prestar atención a lo que leían los otros. Los otros pasajeros, digo. Y fue un descubrimiento sorprendente. Más que un descubrimiento, fue como atender a un llamado. Toc, toc. Un llamado.

Desde entonces, cada vez que subo a un vagón de #subte (porque Twitter mediante ya no es “subte”, sino “#subte”) doy una rápida mirada alrededor en busca de lectores subterráneos.

Hoy comparto la primera recopilación de tuits realizados desde el #subte hasta Diciembre de 2010. Pero habrá más, porque el llamado persiste. Aunque mi psiquiatra sostenga que ese toc, toc que me llama sea en realidad un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Allá él. Yo seguiré tuiteando las lecturas subterráneas. (más…)